jueves, 6 de octubre de 2016

Tiento y formas

A mí que me perdonen, pero esto son ganas de buscar barullo. La sanción a la jueza es completamente merecida por altanera, chulesca, extralimitarse de sus funciones y por regodearse de la "universalidad" del catalán. Máxime cuando su rol debe investirla en un necesario tiento y equilibrio reflexivo. No son, sin embargo, mejores las obcecadas abogadas cuando, en un obstinado afán provinciano, siguen negándose a hablar en castellano para facilitarle la comprensión a la juzgadora (amén de las formas en que lo hiciese). 

No cabe duda de que les asiste la razón y el Derecho, y así lo ha puesto de manifiesto el TSJC, pero a mi modo de ver, y dejando de lado la razón jurídica, se me antoja cuando menos descortés seguir hablando una lengua desconocida por otro interlocutor estando perfectamente capacitado para hablar una lengua que todas ellas tenían en común.

A todo esto, cuando las abogadas dicen que les causa indefensión hablar en castellano, yo me pregunto qué leyes habrán estudiado y en qué idioma estaban.

domingo, 25 de septiembre de 2016

No denuncien


Está bien –muy bien– que se quiera apostar por un determinado modelo de turismo en la ciudad (sostenible, de convivencia, respetuoso, de calidad, etc.). Sirva este comentario para mostrar mi aval a dicho modelo de ciudad, pero de ahí a aceptar el «todo vale» en aras de conseguirlo hay un trecho.

 En ningún caso nos podemos permitir desmantelar el (ya maltrecho) Estado y las garantías conferidas. Si se quiere promover otro modelo de turismo en la ciudad, perfecto. Pero hágase no de cualquier forma, sino, por ejemplo, mediante la dotación de un cuerpo efectivo de inspectores que pongan coto a dichas actividades. ¡No denuncien!

http://www.elperiodico.com/es/entre-todos/participacion/pisos-turistics-ilegals-benvolguts-veins-denuncieu-88423?utm_source=facebook&utm_medium=social&utm_campaign=cm

martes, 14 de octubre de 2014

Medio lejos. Llega.

Al final te das cuenta. Todo recupera el sentido. 

Tras estar navegando sin rumbo durante muchos meses, sin corazón en que atracar o puerto que conquistar, de repente llega la tranquilidad. Y llega de la forma en la que menos esperas. Cuando estás sumergido en la tormenta, piensas que nunca llegará la calma, que nunca llegará el momento en que todo tenga sentido. Pero llega. 

Nos dicen que seamos fuertes, que no podemos rendirnos o tan siquiera dudar de adónde vamos. Parece que todo tenga que ser perfecto y que no puedas dejar que alguien dude de que no es así. Pero lo haces. Nadie es perfecto. 

Necesitas expresar qué sientes, necesitas a alguien que te escuche y no sentirte solo en medio de un montón de gente. Mientras tanto, te sientes atrapado, como si nada tuviera sentido y como si nunca lograras hallar la respuesta. O al menos la que quieres oír. Pero al final todo llega. Ciertamente. 

Un grito ahogado que no surte efecto o una impotencia enquistada al saber que no tiene sentido, que no tiene por qué ser así. La esperanza, dicen, es lo último que se pierde pero hace ya algunas horas que ésta se vaga por una calle que no tiene nombre. Y entretanto, el destino se burla de nosotros. 

Expresas tus sentimientos y te sientes desnudo. Como si con un simple alfiler te pudieran desangrar. No tiene sentido no poder hacerlo. Pero necesitas desnudarte, necesitar chillar y poder decir lo que sientes. Aunque esté mal, aunque te digan que los hombres no lloran. Si todo fuera cierto, la realidad sería diferente. Pero a la postre, los hombres lloran, los pajaritos cantan y las nubes se levantan. Tras meses a la deriva, tras meses en que un sentimiento ahogado te atrapa, finalmente encuentras el puerto en el que estar. Aunque sea temporalmente. No hay fin por el momento, no hay descanso para siempre, de momento simplemente nos conformaremos con una pequeña tregua. ¡Pero bendita tregua!

Tregua que tenía nombre. Un cuerpo que no encontraba su fin y se estremecía a la velocidad con la que unas yemas titubeantes lo recorrían. Tras una explosión llena de sentimiento inmaculado llega la calma. ¡Y qué calma! Aunque a veces te canses de esperar, aunque en muchas ocasiones te invada un sentimiento de hastío y desconsuelo, tienes que seguir. Merece la pena porque llega. Todo llega. 

domingo, 27 de octubre de 2013

Nullum crimen, nulla poena sine lege


La sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, por la cual se debía inaplicar la denominada Doctrina Parot en el caso de la terrorista Inés del Río, ha causado un gran revuelo en la sociedad Española. Parece ser que nos encontramos en uno de aquellos casos en los que Derecho y Justicia no van de la mano. ¿Es cierto que en este caso nos hemos alejado de aquella primigenia concepción de Celso del Derecho como ars boni et aequi

El principio de legalidad penal, recogido tanto en la Constitución como en la Convención Europea de Derechos Humanos, se exterioriza en dos vertientes: la primera se puede resumir en el aforismo latino de nullum crimen, nulla poena sine lege stricta, scripta, certa. et praevia y la segunda, en la irretroactividad de la ley penal desfavorable. Ambas manifestaciones del referido principio no dejan lugar a dudas: por una parte exigen que haya una ley previa que recoja específicamente la acción sancionable. Luego, que nunca se podrá aplicar una ley más desfavorable a la existente en el momento de la acción delictiva. 

En el momento en que la ahora excarcelada cometió los asesinatos, la ley penal de aplicación vigente era el Código Penal de 1973. Debido a que las cárceles mostraban un exceso de internos, tras la Guerra Civil, se decidió incluir en él una medida —la redención de las penas por trabajo— en la que se permitía reducir un día, a la pena máxima de cumplimiento efectivo en prisión —30 años—, por cada dos días trabajados con independencia del tipo de crimen cometido. Inés del Río fue condenada a tenor de esta ley y se acogió a la redención que establecía el Código y que permitía ir reduciéndose la pena. 

Tras más de 20 años sin Código Penal “democrático” —seguía vigente el de 1973 con ínfimos cambios que permitían adaptarlo a la nueva Constitución— se aprobó en 1995 el Código Penal actual. En 2005, tras haber cumplido 20 años de prisión, Henry Parot, condenado a casi cinco mil años de prisión, solicitó su salida de prisión basándose en la redención de las penas por trabajo. En 2006, el Tribunal Supremo consideró que no se podía equiparar al autor de un asesinato con el que había cometido 26 asesinatos y otras tantas tentativas. Por ello, estableció que la redención no se debía hacer sobre la totalidad del de cumplimiento efectivo sino sobre el total de penas reales. Sin atisbo de duda, se aplicó también se aplicó esta doctrina a Inés del Río. Doctrina que fue avalada por todas las instancias juzgadoras estatales, incluido el Tribunal Constitucional aunque en éste último 3 votos particulares ya auguraban prematuramente que la nueva doctrina no era una reintrepretación del precepto vigente en 1973 sino la aplicación de manera retroactiva del artículo 78 del Código Penal de 1995. 

En 2012, tras recurrir la terrorista ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, una sala del mismo ya se manifestó en contra de la mencionada doctrina. Finalmente, la Gran Sala de idéntico tribunal, la semana pasada ha venido a reiterar lo que a todas luces era una aplicación material de la justicia por parte de los tribunales Españoles pese a que se haya alegado por diferentes magistrados —vid el artículo publicado ayer en «El Mundo» de Julián Sánchez Melgar, magistrado de la Sala Penal del Tribunal Supremo— que la modificación de la interpretación en una sentencia no vulnera el art. 9.3 CE porque no hubo cambio de ley aplicable. 

Ahora bien, convendría ver si la Constitución, cuando en el citado precepto habla de «disposiciones» sancionadoras, se refiere únicamente a la ley o se extiende asimismo a sentencias y si cuanto menos es cierto que cambiar la interpretación de una condena que ya se está cumpliendo en base a una interpretación novedosa, no vulnera cuanto menos el principio de seguridad jurídica y el de legalidad penal tal y como ha apuntado la Gran Sala del TEDH, el art. 5.1 y 7 de la Convención Europea de Derechos Humanos. 

Así pues, aunque nos encontremos en una situación amarga, en la que la moral se aparta del Derecho, esa era la «legalidad vigente en aquél momento y la irretroactividad de las leyes penales es un principio constitucional» tal y como ha apuntado la profesora Esther Giménez-Salinas. Además no hemos de olvidar que la raíz del problema se encuentra otra vez más en la ineficiencia política. Más de 20 años para la creación de un Código Penal nuevo que recogiese los diferentes acontecimientos relevantes que se estaban produciendo. Tardanza que muy probablemente se debió producir por la discusión de bagatelas ideológicas que mientras tanto daban carta blanca a terroristas y presos comunes con grandes condenas de prisión. 

Sin embargo, nos tendremos que conformar, pues, aunque vulnere el principio de resocialización de las penas incluido en el art. 25.2 CE, con lo que apuntaban ayer algunas voces desde el gobierno: la condena social nunca prescribe. Juguemos a la desinformación, a escurrir el bulto y a tapar una ineficiencia política con un incumplimiento de la Constitución. ¡Magnífico! 

sábado, 27 de julio de 2013

Rêves d'été

La vida. ¿Qué es la vida? O mejor dicho: ¿de qué trata la vida? No me equivoco si ya anticipo que no seré la persona que mejor lo escriba, que mejor reflexione sobre ello o que más esclarecedor lo haga. Fuere como fuere, tampoco será tan fácil hablar de la vida cuando la RAE para intentar hablar de ella dedica veinte acepciones de su insigne diccionario.
Para algunas personas, la vida es sinónimo de sobrevivir. Sobrevivir: algo así como vivir por encima. Intentar pasar los días con mayor o peor fortuna, asumiendo y aceptando lo que viene y lo que se va. También se sobrevive aceptando lo establecido; cuando no se cambia por temor al abismo, cuando se persiste en el error por temor a un peor futuro. Miedo. Se sobrevive cuando nos hallamos en un reinado del miedo. Un reinado donde él mismo poco a poco va haciendo que lo feo sea menos feo. Costumbre. 

Para otras personar, sin embargo, la vida es aventura. No creo que yo me pueda encontrar entre estas líneas. O no en puridad. De nuevo, siento que vivimos aferrados a las convicciones por temor al que dirán. A veces, éste impera de tal modo que hacemos pasar nuestra felicidad a un segundo plano. No se trata sólo de salir y aparecer. Se trata de pensar en uno mismo. De pensar que el amor nunca perece. O al menos aquél que es verdadero. Arriesgarse. Taparse los ojos, salir de la tranquilidad que nos brinda la costumbre y dar un paso. Cualquiera que sea. Porque por pequeño que sea, dicen que cualquier nueva aventura, cualquier nuevo camino empieza con uno de ellos. 

Y al final, ¿Ser un aventurero nato, un idealista convencido, un «fiat felititatis et pereat mundus», un acérrimo defensor del «carpe diem» aunque haciéndolo nos expongamos y arriesguemos o seguir en la zona de bienestar, en la zona de seguridad pese a que sacrifiquemos ápices de nuestra felicidad? ¿No hacer lo que apetezca en cada momento por las consecuencias? Al final, la respuesta no es baladí. Al menos, la verdadera respuesta, aquella que se debe tomar por uno mismo haciendo frente a los fantasmas que nos aterran. 

Es fácil predicar y abogar por la aventura y por el riesgo siempre que lo que se arriesga no es lo de uno mismo. Pero la vida está para vivirla aunque, a veces, el problema resida en conocer que es lo que queremos exactamente. Conocer si realmente queremos embarcarnos en aquella aventura. A veces, el problema no reside en la posición que debemos adoptar. A veces, el problema simplemente se halla en saber si queremos luchar por aquello que nos hace dar el primer paso. Cuesta saber si es realmente la aventura en si, si son los componentes de la aventura lo que frena nuestros impulsos o es el miedo a lo desconocido el que lo hace. 

Pese a muchas cavilaciones, aunque se diga lo que se diga, al final seguimos sin tener manual de instrucciones para la vida. Tampoco posibilidad de contentar a todo el mundo. Aunque parezca ocioso, y aunque la conclusión sea de perogrullo; el tiempo es sabio. El tiempo dirá y el corazón nos guiará. 

Todo y con eso, la vida, la vida strictu sensu es un impulso, un latido, una emoción o una explosión. Al final si no hallamos, si no encontramos siquiera alguno de estos ingredientes estamos también, a la vez, encontrando una  patente respuesta. 

jueves, 11 de octubre de 2012

Capítulo primero: De las ínfulas colonizadoras del Ministro de Educación

Ya lo explicaba el filósofo y especialista en estructuras del lenguaje, Noam Chomsky en sus «10 estrategias para la manipulación mediática». La estrategia de la distracción, cómo el la llamó, es muy útil para entretener a las masas con asuntos y distracciones insignificantes lejos de los verdaderos problemas que acontecen, lejos de los verdaderos problemas sociales.  

Partiendo de esta explicación teórica, vayamos a la práctica: véase de ejemplo al Ministro de Educación. Ha sabido desviar de manera ejemplar la atención del problema financiero, verdadero problema que concierne a la mayor parte de la sociedad, hacia el problema catalán. Aunque parezca mentira, dichas afirmaciones, que muy probablemente habrán estado meditadas a conciencia, incluyen mensajes subliminales que como se dice popularmente, matan dos pájaros de un tiro. 

La estrategia está clara. Hablamos de la españolización (Wert se piensa que ya ha llegado el carnaval y quería disfrazarse de colonizador) y así, aparte de desviar la atención del problema financiero que tenemos encima (y que hoy ha quedado demostrado con la reducción de la calificación a «bono basura» de la deuda española por parte de la agencia de rating Standard and Poor's), ha permitido culpar al pueblo catalán de tal problema. Ahora resulta que por querer lo que siempre se ha querido, por reivindicar la identidad de un pueblo resulta que somos los culpables de tal calificación. ¿Y por qué en cambio de echar balones fuera, por qué en cambio de buscar culpables no se buscan soluciones? Claro, porqué es más fácil y parece que el gobierno aún sigue pensando que está dirigiendo la granja de Pin y Pon y no un país con graves problemas financieros. 

¿Por qué no dar la cara y dejar de repetir la misma estrategia tan reiterada en la historia contemporánea? Si dicen que Cataluña es igual que el resto de comunidades autónomas, ¿por qué no se la trata como a tal? ¿Por qué se fomenta el odio hacía esta Comunidad? Si dicen que la variedad, los distintos matices dan la riqueza a una tierra, ¿por qué se apunta siempre hacía el pueblo catalán? Demasiadas preguntas sin respuesta, o al menos sin la respuesta que nos gustaría poder escuchar. 

Señor Ministro, déjese de «españolizaciones» y aparque sus ínfulas colonizadoras, que además cuestan dinero. ¡Ah! Pero si decían que no había de eso. Y céntrese en lo que de verdad importa. Desde mi modesta opinión, le sugeriría se centrase en devolver el esplendor que la universidad había tenido tiempo ha. Le recomiendo devolverle la categoría que la universidad merece, el prestigio y el valor. Déjese de subvenciones (con el dinero de todos) de caprichos partidistas y de índole personal e inviértalo en la reducción de las tasas universitarias o en becas si me apura. Si no le logra convencer esta primera propuesta le recomiendo una segunda: devuelva el esplendor a nuestra sanidad. A la sanidad que teníamos años atrás y que era un punto de referencia, por calidad y profesionalidad entre otras cosas, en muchas partes del mundo. 

¿Tan difícil es hacer las cosas como las haría un hombre diligente? ¿Tan difícil es hacer las cosas bien? ¿Por qué para estas estupideces como la subvención de la «españolización» y para la aún más inútil defensa hay dinero y luego se debe recortar en pilares básicos de una sociedad? Son preguntas, a las que sigo, desgraciadamente, sin hallar respuesta. 

Y es que volvemos a lo de siempre, todas las preguntas tienen un denominador común. La solución no es otra que los valores; educar a las personas con valores incorruptibles, con valores que incluyan barreras infranqueables en cuanto a corrupción y moral. Únicamente de este modo salvaremos todos estos obstáculos que no dejan de ser consecuencia de una mala gestión por parte de todos los gobernantes. Aunque a tal consideración gustaría de incluir lo que ya decía en su tiempo el gran Ortega y Gasset:

«Pica, a la verdad, en historia la unanimidad con que todas las clases españolas ostentan su repugnancia hacia los políticos. Diríase que los políticos son los únicos españoles que no cumplen con su deber ni gozan de las cualidades para su menester imprescindibles. Diríase que nuestra aristocracia, nuestra Universidad, nuestra industria, nuestro Ejército, nuestra ingeniería, son gremios maravillosamente bien dotados y que encuentran siempre anuladas sus virtudes y talentos por la intervención fatal de los políticos. Si esto fuera verdad, ¿cómo se explica que España, pueblo de tan perfectos electores, se obstine en no sustituir a esos perversos elegidos?»
Con ello, llegando ya al final de este primer capítulo, queremos hacer una reflexión y es que esta crisis de valores actual no sólo se halla en el hogar vecino. Sino que si queremos cambiar el mundo, si queremos ser egregia sociedad ejemplar, el cambio empieza en nosotros mismos. No esperemos al vecino, al de al lado, no lo esperemos porqué sino al final, como reza el dicho castellano: «Uno por otro la casa sigue sin barrer» y a punto de ser intervenida.